Desafíos y conquistas en América del Sur

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Si miramos nuestro planeta Tierra desde el espacio, la gran América del Sur aparece verde con tonos de amarillo, en un hermoso dibujo triangular. Así, a la distancia, es imposible evaluar cuan bella y diversa puede ser esta parte de la Tierra que se extiende desde el Atlántico hasta el Pacífico y desde el Mar Caribe hasta el estrecho de Drake que nos separa de la Antártida.

En ella se encuentran los ríos más largos, los saltos de agua más altos, el bosque más grande, uno de los mayores desiertos, glaciares, humedales y miles de kilómetros de playas – una biodiversidad única e irremplazable. Tantos pueblos, tantas culturas, tantos idiomas entrelazados.

Visto desde el espacio, este continente no conoce fronteras – los ríos nacen y corren libres por sus cauces, así como se extienden a lo largo de su geografía las montañas, los bosques, las llanuras, las tierras altas centrales (donde las grandes cuencas hidrográficas continentales se originan). De la misma manera que los pueblos que siempre han vivido aquí, desde los albores de los tiempos, circulaban libremente, sin ningún conocimiento de los límites geopolíticos impuestos a lo largo de más de 500 años de colonización.

 

Desde otra perspectiva…

 

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En Argentina, una bomba de petróleo que contrasta con la comunidad carente de los alrededores (Foto: Vaca Bonsai Audiovisual).

Si miramos este continente de cerca, ¡cuántos contrastes! Paralelamente a la inmensa riqueza natural y cultural hay una inmensa riqueza material concentrada en pocas manos. Esto ha provocado desigualdades abrumadoras y quitado visibilidad a aquellos que protegen los territorios y sus recursos naturales. Estos guardianes, sin voz ni derechos, tienen que enfrentar todo tipo de violaciones además de un sistema legal que penaliza las acciones de las comunidades al mismo tiempo que protege a los poderosos, lo que genera los más altos índices de violencia en el mundo.

A pesar de ello, los pueblos originarios y las poblaciones resultantes de combinaciones étnicas sin precedentes, todavía sueñan, resisten y buscan soluciones para proteger sus territorios, sus valores y su forma de vida. Son comunidades que viven aisladas en los lugares más remotos. Son estas comunidades que viven aisladas en los lugares más alejados constituidas por pueblos indígenas guardianes de los conocimientos y de los territorios que junto con las organizaciones de la sociedad civil, que luchan por un mundo más sostenible y más justo, así como con los abogados, que utilizan sus conocimientos para defender los derechos de los excluidos, y los científicos e investigadores, enfrentan todos los desafíos y reconducen el curso de la historia de la humanidad.

Aunque se exprese en diferentes idiomas, esta voz común se levanta y moviliza fuerzas poderosas casi de la misma manera que las aguas de los grandes ríos se forman a partir de pequeños afluentes para finalmente volcarse en el océano.

Ronald Suarez (Foto: www.apcbolivia.org)

Ronald Suarez, cineasta indígena del pueblo Shipibo Conibo (Foto: www.apcbolivia.org).

Ronald Suárez, del pueblo indígena Shipibo Conibo, es una de esas potentes voces. A través de su trabajo como documentalista y del apoyo recibido del Fondo Socioambiental CASA está logrando transformar la realidad de su pueblo:

“Mi nombre es Ronald Suárez, soy un Shipibo Conibo de la selva peruana, en la región de Ucayali, provincia de Pucallpa. Tengo 39 años y realizo documentales sobre el medio ambiente, los pueblos indígenas, la salud y las relaciones interculturales. También soy actor.

“Canaán, la tierra prometida” es un documental que realicé con el apoyo del Fondo CASA. Registra los testimonios de mis hermanos Shipibo sobre su convivencia durante más de 43 años con la empresa petrolera Maple Gas, que se hizo cargo de las operaciones de Petroperú. Esta relación en nuestro territorio es muy tensa, se producen terribles daños tanto al medio ambiente como a las personas y se  generan muchos conflictos sociales. Las comunidades se enfrentan a la contaminación de sus lagos y ríos. Los peces que consumen para su subsistencia están altamente contaminados, y ni el gobierno ni la compañía se preocupaban con esta situación. Hasta que los Shipibo comenzaron a protestar, a embargar los pozos de petróleo. Hasta que lograron hacerse oír”.

 

Un problema más amplio

 

Desafortunadamente, la explotación intensiva del petróleo, en lugares que deberían tener protección ambiental y realizada sin ningún tipo de preocupación por el medio ambiente ni por las poblaciones asentadas en dichos lugares, no es un problema exclusivo del Perú. En todos los países de América del Sur, la opción por utilizar fuentes de energía fósil ha causado conflictos y daños irreparables, y además traerá consecuencias futuras que aún son difíciles de predecir. Toda esta situación cuenta con la aprobación del gobierno y con la participación de empresas petroleras gubernamentales o mixtas y de compañías multinacionales.

“Aquí, en Lof Campo Maripé, donde vivimos, hay más de 300 pozos de petróleo. Todo el tiempo nos confrontamos con problemas tales como pérdidas de petróleo, contaminación del agua, averías de los pozos que afectan directamente al Río Neuquén, es decir afectan este lugar donde siempre hemos vivido.” Con estas palabras comienza su testimonio el Sr. Logko Albino Campo, un líder del pueblo Mapuche de la provincia de Neuquén, en la Patagonia Argentina. Allí hace más de un siglo, las compañías multinacionales han perforado pozos de petróleo convencionales, sin embargo actualmente ha surgido una nueva tragedia debido a la explotación del gas por medio de pozos de fragmentación. Después de los Estados Unidos, Argentina es el país más afectado a causa de los daños ambientales, sociales y de salud pública, ocasionados por la  explotación del gas de esquisto mediante la inyección en alta presión de agua, arena y productos químicos para provocar la fragmentación de las rocas subterráneas y liberar el gas.

Logko Albino Campo, liderança do povo Mapuche. (Foto: Vaca Bonsai Audiovisual)

Logko Albino Campo, líder del pueblo Mapuche. (Foto: Vaca Bonsai Audiovisual)

“La contaminación ha llegado a las aguas subterráneas. Los pequeños manantiales se están secando. Nuestro río Neuquén llegaba hasta aquí, donde estoy parado ahora pero hoy en día ya no se puede decir que sea un río, sino algo así como un canal de riego, débil y contaminado. La empresa extrae millones de litros de agua para bombear los pozos. Cuando nos quejamos, nos preguntan ¿qué es lo que queremos? ¿Dinero? Pero es una cuestión de dinero. Cuando la empresa se vaya de aquí, ¿qué es lo que nos van a dejar a nosotros, en este lugar donde siempre hemos vivido? Este problema no afecta solo al pueblo Mapuche, sino también a los pueblos vecinos. ¿Cómo se puede vivir sin agua? Nuestra esperanza es que toda la sociedad civil participe en esta lucha, que la gente asuma una posición con respecto a lo que está sucediendo. Tenemos que lograr que todos tomen conciencia de este conflicto que estamos viviendo. Tienen que existir otras alternativas para producir energía. No tenemos que cuidar la naturaleza, tenemos solo que respetarla y no destruirla. Es ella la que nos cuida a nosotros.”

 

Grandes retos

 

Este trabajo de investigación, de información, de difusión y de búsqueda de estrategias para hacer frente a los impactos de la industria del petróleo es llevado a cabo por la Organización Observatorio Petrolero Sur – OPSur, de Argentina.  Como dice Diego di Risio, uno de sus coordinadores:

“Todo este tema ha dado lugar a la creación de “zonas de sacrificio”, territorios en los que se apropian los recursos naturales a expensas de los intereses y del bienestar local. Los gobiernos no dan información, ni garantizan los derechos humanos y colectivos, y ejercen una violencia explícita e implícita sobre la población que resiste a estas acciones. Sumado a esto, las consecuencias evidentes del cambio climático y las estrechas relaciones de estas con el consumo de combustibles fósiles extienden la problemática socioambiental a escala mundial.

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Pozo no convencional que realiza la extracción del petróleo a través de fractura hidráulica (Fracking), en Argentina (Foto: Vaca Bonsai Audiovisual).

“El Fondo Socioambiental CASA apoya a OPSur en su trabajo de investigación, fortalecimiento y creación de redes de organización social, frente al avance del petróleo. Este apoyo ha sido muy importante por dos razones principales. Por una parte porque como los fondos de origen y perspectiva latinoamericanos son poco frecuentes, por lo tanto el apoyo del Fondo CASA es un verdadero privilegio. Por otra parte, porque la Argentina no es un país prioritario en lo que atañe a la cooperación internacional, y en este sentido, el enfoque del Fondo CASA nos permite consolidar nuestro trabajo.”

Jorge Daneri, consejero del Fondo CASA desde su creación, presentó a OPSur como una iniciativa que hay que apoyar debido al importante trabajo que realizan y como un socio clave en la identificación de otros proyectos estratégicos:

“El Fondo CASA viene brindando apoyo a organizaciones estratégicas en América del Sur, incluso en la cuenca del Plata. Puedo destacar algunos casos emblemáticos. En la región de Misiones, la organización Cuña Piru lidera la resistencia contra la construcción de represas y produce información sólida que demuestra el impacto negativo de dichas construcciones, ​​en particular con respecto a la planta Garabi-Panambi, en el río Uruguay, en la frontera entre Brasil y Argentina. Esta organización tiene una profunda incidencia pública y política y ha logrado promover un amplio debate entre Brasil y Argentina, que tuvo importantes repercusiones.

Jorge Daneri (Foto: acervo Fundo CASA)

Jorge Daneri es abogado y presidente de la Fundación M’Biguá para la Ciudadanía y la Justicia Ambiental e integra el Consejo Consultivo del Fondo Socioambiental Casa. Es especialista en Derecho Ambiental, y trabaja para, y con organizaciones dedicadas a la justicia socioambiental, en la región del Cono Sur (Foto: acervo Fundo CASA).

“La Fundación Encuentro por la Vida opera en el área de los humedales, en el río Paraná, y participa en la Alianza de Ecosistemas Paraguay-Paraná. El grupo Ala Plástica también ha recibido apoyo para desarrollar un trabajo muy original, a través del arte, en el sur de la cuenca del Plata, en una región del Pantanal argentino. Uno de los proyectos apoyados fue el “Taller Itinerante” que recorrió localidades del delta del río Paraná desarrollando actividades multidisciplinarias relacionadas con el arte y el medio ambiente, y con la creación de un equipo móvil de radio para de esta manera poder ampliar su campo de acción.

“La forma en que el Fondo CASA presta ayuda es muy positiva y ha obtenido resultados muy importantes para las poblaciones que tratan de revertir los impactos ambientales negativos, dado que permite que los grupos locales y redes, que se complementan para fortalecer a la sociedad en su conjunto, implementen acciones estratégicas. Sin embargo, es necesario fortalecer y ampliar este tipo de apoyo.”

La búsqueda de justicia en los tribunales

 

El Instituto de Defensa Legal del Ambiente y Desarrollo Sostenible – IDLADS es otro ejemplo del tipo de trabajo financiado por el fondo CASA que ha dado resultados positivos. Se trata de un colectivo de jóvenes abogados peruanos que se han unido para poner su experiencia profesional al servicio de un medio ambiente saludable y equilibrado, así como de una mejor calidad de vida y respeto por los derechos de los pueblos indígenas. Henry Carhuatocto, fundador de esta importante organización con sede en Lima, es una voz más que se alza y se une a otras tantas voces:

“A pesar de que IDLADS ya tiene 10 años de existencia, el primer apoyo financiero que recibimos fue del Fondo CASA, en 2012. Esta subvención nos permitió consolidar la institución a través de valiosos fondos destinados a cubrir los altos costos de las acciones legales emprendidas por nuestros abogados, que trabajan ad honorem, y también hizo posible la publicación del Libro de Litigio Estratégico IDLADS en defensa de los pueblos indígenas y del medio ambiente. Asimismo, sistematizamos los casos que muestran nuestra historia de lucha en un texto que nos abrió las puertas para poder participar en la Coordinación Nacional de Derechos Humanos – CNDDHH.

Dr.-Henry-Carhuatocto-Sandoval.

Dr. Henry Carhuatocto, Presidente y fundador del IDLADS.

“En 2013, recibimos una subvención del Fondo CASA que nos permitió cubrir los costos de las acciones en defensa de los pueblos que viven en aislamiento voluntario en la Reserva Territorial Kugapakori, Nahua, Nanti y también de otras de gran importancia. También, recibimos apoyo para la celebración de una conferencia en defensa los pueblos indígenas y del medio ambiente. En 2015, el fondo CASA nos respaldó en la obtención de un recurso de amparo para otorgar títulos de propiedad y compensaciones para los pueblos indígenas que viven en las Cuatro Cuencas (ríos Pastaza, Corrientes, Tigre y Marañón) y en el refuerzo de la vigilancia y del control de sus recursos naturales a través del apoyo legal a la Asociación Cocama de Desarrollo y Conservación San Pablo de Tipishca (ACODECOSPAT).

“Tenemos que expresar nuestra gratitud al Fondo CASA por esta asociación fundamental que nos permitió desarrollar una relación con los pueblos indígenas de la Amazonia y de los Andes peruanos. Gracias a este apoyo, actualmente somos los asesores legales de ACODECOSPAT, FEDIQUEP, FECONACO, ORAU, CORPI, FECONAU, ORPIO, CNA, ONAMIAP, CARE, organizaciones indígenas de todo el Perú. Esperamos seguir contando con el apoyo del Fondo CASA, que tuvo un papel decisivo en nuestra vida institucional y en la defensa de los pueblos indígenas.”

(Foto: http://acodecospat.blogspot.com.br)

(Foto: http://acodecospat.blogspot.com.br)

Quien ama cuida

 

El pensamiento conductor del Fondo CASA considera que el amor y la acción combinados son infalibles. Nadie se moviliza si no entiende lo que puede perder. “Quien ama cuida”. No podría haber un dicho más relevante para este trabajo.

Los resultados positivos de las subvenciones del Fondo CASA también se pueden constatar  en el testimonio de Ronald Suarez quien se refiere a las repercusiones de su documental: “Cuando Canaán, la tierra prometida quedó lista, la compañía Maple Gas, nos censuró e hizo todo lo posible para prohibir su exhibición en Lima. No encontrábamos ningún lugar para proyectarla porque las instituciones están manipuladas por el poder económico. Sin embargo, nos las arreglamos para mostrar el documental a una audiencia más amplia en una plaza pública y después en muchos otros lugares, tanto en Perú como en el exterior, incluso durante la Conferencia COP 20, celebrada en 2014, en Lima.

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Escena de la película Canaán, la tierra prometida.

“El impacto mediático del documental fue muy grande y desde entonces el gobierno se vio obligado a darnos atención. Gracias a la gran visibilidad alcanzada por este documental, la comunidad indígena de Canaán de Cashiyacu logró establecer un diálogo con la compañía Maple Gas y con el gobierno. Conseguimos algunos beneficios, como un puesto de salud, una escuela primaria y la instalación de una red eléctrica. Las negociaciones para obtener una indemnización para el pueblo Shipibo aún están en curso. Es un proceso largo, pero tenemos la esperanza de conseguir más derechos para este pueblo que ahora está dialogando directamente con las autoridades gubernamentales.

“Tenemos que agradecer enormemente al Fondo de CASA por haber creído en nuestro proyecto y por habernos ayudado. Sin su respaldo no hubiéramos podido realizar este trabajo que tuvo resultados prácticos positivos para el pueblo  Shipibo”.

Además de los proyectos de movilización, protección, información y comunicación, existen en toda América del Sur otras acciones apoyadas por el Fondo CASA que están vinculadas a la defensa legal de los pueblos indígenas y de las comunidades afectadas por los proyectos de infraestructura, extracción de minerales, energía, adaptación a los cambios climáticos e iniciativas de mitigación, mujeres defensoras del medio ambiente, y mucho más.

Cena do filme Canaán, a terra prometida.

Escena de la película Canaán, la tierra prometida.

 

Nuevos retos, nuevos logros

 

El escenario sudamericano es muy crítico, y los conflictos socioambientales tienden a volverse más agudos. La situación de las hidroeléctricas en todas sus principales cuencas, la cuestión del combustible fósil en el Chaco, la minería en todas partes, el impacto de los monocultivos (como la soja, caña de azúcar y el aceite de palma) la pecuaria desorganizada, los grandes proyectos de integración de infraestructura regional (como carreteras, puertos, vías fluviales, ferrocarriles, gasoductos) demuestran la magnitud del desafío. Los gobiernos nacionales han adoptado un modelo de desarrollo centrado en la infraestructura, con la Alianza del Pacífico, los acuerdos de libre comercio y los corredores interoceánicos. Todos ellos han ocasionado impactos irreversibles sobre los ecosistemas más frágiles del planeta.

Sabemos que estos pequeños fondos de apoyo no solucionan los graves problemas de nuestro continente, pero confieren visibilidad a los pequeños grupos que logran ampliar sus relaciones a través de redes y de articulaciones temáticas, y se vuelven más fuertes además de ​​atraer nuevos recursos y apoyo. Este siempre ha sido el caso de los proyectos que el Fondo CASA apoya.

Estamos convencidos de que esta red de amistad y solidaridad fortalece a la sociedad civil y amplifica las voces de aquellos que buscan nuevas alternativas para enfrentar los desafíos. Los pequeños logros diarios nos dan fuerza y ​​energía para seguir adelante y vislumbrar en el horizonte un lugar mejor para que todos podamos vivir con menos desigualdad y más respeto por la vida, rescatando la alegría, la fuerza y ​​la dignidad de estos pueblos multiculturales, multifacéticos e increíblemente valientes que habitan el extenso territorio de América del Sur.

e-147x147 Texto por: Angela Pappiani – Periodista y productora cultural de Ikore, consejera del Fondo CASA desde su fundación. 

Traducido por Ana van Eersel